7/17/2017 03:01:00 p. m.
Greenpeace Chile

Mensaje para el Tratado de las Naciones Unidas sobre el océano



Por el Capitán Paul Ruzycki de nuestro barco Esperanza.

Mi nombre es Capitán Paul Ruzycki. He sido un marino por 33 años. Crecí en los Grandes Lagos que son como un mar interno de agua fresca. Para mi y para los niños de mi pequeña ciudad, el océano era un paisaje remoto, enorme, en el que habitaban todas esas criaturas que están en los libros de ciencia o en las películas de Jacques Cousteau. El océano era inmenso, distante, hermoso y, en esencia, indestructible. ¿Cómo puede la actividad humana arruinar a esta máquina de vida?

Foto: El Esperanza en el mar de Alborán.

Después me convertí en marinero y pasé de los Lagos a cada uno de los océanos. Esos lugares abstractos y soñados de golpe se transformaron en mi segundo hogar. Mis pulmones se llenaban del aire marino, mis ojos se acostumbraban al horizonte infinito. Y, como una persona que cuando conoce el amor también conoce el dolor, junto con la belleza del océano también descubrí su destrucción. Abrí los ojos: barcos de carga arrojando sus desperdicios en el medio del océano, arrastreros que dejaban su huella en el lecho marino, flotas pesqueras ilegales, exploraciones petroleras que cambiaban la banda sonora de alta mar...El océano que yo siempre había soñado se convirtió en una pesadilla y los documentales de Cousteau se transformaron en una película de terror.

Foto: Delfines en el mar de Alborán.

Por eso, como marinero, dediqué mi vida entera a proteger los frágiles océanos arriesgándome a pasar años en prisión después de ser acusado de piratería por protestar pacíficamente en contra de las exploraciones petroleras en las aguas internacionales del océano ártico.

Pero, aún hay esperanzas si actuamos rápido. Aún creo que, si le damos a los océanos el respiro urgente que necesitan, podrán recuperarse de décadas de sobreexplotación, polución y destrucción. Y para que esto pase, necesitamos una red sólida y viable de áreas protegidas y santuarios marinos en aguas nacionales e internacionales. Eso requiere coraje y voluntad política. Los seres humanos dependemos del océano. Las aguas más remotas son esenciales para el equilibrio del clima del planeta y de la biodiversidad. Hay una conexión directa entre nosotros y lo que pasa a miles de kilómetros en alta mar. Cuanto antes entendamos esto, más rápido podremos comenzar a proteger el océano y nuestro propio futuro.

Foto: ballena en el mar de Alborán.

Todos los gobiernos del mundo están en las oficinas de las Naciones Unidas en Nueva York discutiendo sobre el futuro de nuestros océanos para brindarles la protección urgente que necesitan.

Espero que escuchen mi voz pero, lo más importante, también espero que escuchen la tuya.

Hoy dos tercios de nuestros océanos están sin protección. Desde Greenpeace le pedimos a los gobiernos que creen una red de santuarios marinos para que estas enormes masas de agua sean protegidas para siempre.

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Fuente: www.greenpeace.org
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